Un duro falso

Ficha técnica

Autor: Emilia Pardo Bazán
Año: 1906
Género: Cuento naturalista
Duración: 11m 33s

Sinopsis

Natario es un aprendiz de obra prima, un chico enteco y mal alimentado a quien en la zapatería no enseñan el oficio: lo emplean únicamente en barrer el obrador y en recorrer Madrid subiendo pisos para cobrar facturas, mientras los oficiales se ríen de él y le ponen motes. Una tarde vuelve al taller extenuado y hambriento, con la cobranza intacta en el bolsillo, y el patrono, el señor Romualdo, descubre entre las monedas un duro falso y lo acusa de haberse quedado con el bueno. Natario, que ha aguantado el hambre antes que pedir limosna, se defiende gritando que le dieron esa moneda; el zapatero responde con dos bofetadas y, ayudado por los demás, lo derriba a golpes llamándolo ladrón. Cuando el hombre se cansa y se sienta a recobrar el aliento, el muchacho se levanta del suelo, toma en silencio una cuchilla de cortar suela del banco más próximo y le siega media garganta de un solo tajo.

Contexto y curiosidades

Emilia Pardo Bazán publicó este relato en el diario El Imparcial en septiembre de 1906, dentro de la larga serie de cuentos breves que fue entregando a la prensa madrileña durante más de tres décadas. La autora traslada aquí el método naturalista del campo gallego a los talleres de la ciudad: el título alude al duro falso que desencadena el conflicto, pero la falsedad que interesa al relato es la del propio taller, donde a un aprendiz se le cobra por un aprendizaje que nunca recibe. El desenlace, seco y sin comentario moral, es característico de sus cuentos más duros, como Las medias rojas o Un destripador de antaño, en los que la violencia estalla contra los más débiles. La misma mirada sobre el caciquismo y la brutalidad cotidiana recorre su gran novela Los pazos de Ulloa.

Personajes

Natario — Aprendiz de zapatería, casi adolescente, débil y desnutrido, al que en el obrador llaman por burla «el Tranvía» porque nunca ha podido subirse a uno. Le sostiene un punto de honra tan intenso que prefiere pasar hambre antes que pedir limosna, y es precisamente esa dignidad herida la que lo empuja al crimen final.

El señor Romualdo — Patrono del taller. Cobra a la madre del chico los derechos de aprendizaje sin enseñarle nada y solo lo emplea en recados. Al encontrar el duro falso en la cobranza acusa a Natario de robo y lo apalea hasta derribarlo.

La madre de Natario — Asistenta casi mendiga que paga con esfuerzo la peseta mensual del aprendizaje. Culpa al hijo de no aprender, lo golpea y le aconseja «ingeniarse» como los demás chicos de la calle.

Los oficiales y aprendices del obrador — Coro burlón que convierte a Natario en el hazmerreír del taller y jalea los golpes del patrono, hasta que el muchacho cae al suelo y las risas se apagan.

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