El gran teatro del mundo

Ficha técnica

Autor: Pedro Calderón de la Barca
Año: h. 1633 (publicado en 1655)
Género: Auto sacramental (teatro alegórico)
Duración: 1h 13m 19s

Sinopsis

El Autor —figura alegórica de Dios— convoca al Mundo y le encarga que disponga el escenario de una gran comedia cuyo título es la vida humana. El Mundo prepara la escena y reparte entre las almas los papeles que habrán de representar: el Rey, la Hermosura, la Discreción, el Rico, el Labrador, el Pobre y un Niño que no llega a nacer. Cada uno recibe del Mundo las galas y los instrumentos propios de su papel, pero ninguno conoce el guion: han de improvisar, y la única indicación que reciben es la advertencia que repite la Ley de Gracia, «obrar bien, que Dios es Dios». Comienza entonces la representación, y cada personaje se comporta conforme a lo que su condición le dicta: el Rico niega el socorro al Pobre, la Hermosura se envanece de su belleza, el Labrador se lamenta de su trabajo y la Discreción practica la caridad y el recogimiento. Uno a uno, el Autor los va llamando a salir de escena; al morir, todos devuelven al Mundo cuanto les había prestado y quedan iguales, desnudos de corona, de riqueza y de hermosura. En el desenlace, el Autor juzga la representación de cada cual y les da su premio o su castigo.

Contexto y curiosidades

El gran teatro del mundo es el auto sacramental más célebre de Pedro Calderón de la Barca y una de las cumbres de un género que solo existió en la España del Siglo de Oro: piezas alegóricas en un acto y en verso, escritas para representarse al aire libre durante las fiestas del Corpus Christi sobre carros que recorrían las plazas de la ciudad. Se publicó en 1655, dentro de la primera parte de los autos sacramentales de Calderón, aunque se cree que fue escrito en la década de 1630; consta una representación en Valencia en 1641. La obra desarrolla el viejo tópico del theatrum mundi, la idea del mundo como escenario y de la vida como papel que cada cual representa, que llega a Calderón desde la filosofía clásica y la tradición medieval. El público de la época reconocía a los personajes sin necesidad de nombres propios: no hay individuos, sino estados y condiciones. El mismo interés por la vida como ficción y por la libertad del hombre para elegir su conducta recorre La vida es sueño, mientras que la justicia y el juicio de las obras de cada cual reaparecen, en clave muy distinta, en El alcalde de Zalamea. La expresión que da título a la obra se ha incorporado al lenguaje común y sigue empleándose para referirse a la vida social como representación.

Personajes

El Autor — Figura alegórica de Dios. Concibe la comedia, reparte los papeles y, al final, juzga cómo ha representado cada cual el suyo.

El Mundo — Encargado de montar el escenario y de entregar a cada personaje las galas y los objetos de su papel. Al morir cada uno, se los reclama de vuelta.

El Rey — Representa el poder terrenal. Gobierna con autoridad y descubre en el desenlace que la corona solo era un accesorio prestado.

La Hermosura — Personifica la belleza y su vanidad. Se recrea en sus atractivos sin advertir lo efímero de su papel.

La Discreción — Alegoría de la vida religiosa y de la prudencia. Elige el recogimiento y la caridad, y es de las mejor juzgadas al terminar la obra.

El Rico — Encarna la avaricia. Se niega a socorrer al Pobre y se aferra a unos bienes que no puede llevarse consigo.

El Labrador — Representa el trabajo y la queja. Cumple su papel a regañadientes, entre el esfuerzo y la murmuración.

El Pobre — Personaje de la necesidad y la paciencia. Pide sin ser atendido y acepta su suerte, lo que le vale un lugar privilegiado en el juicio final.

La Ley de Gracia — Voz que acompaña la representación recordando a todos la única regla que se les ha dado: obrar bien.

El Niño — Alma a la que se asigna un papel que no llega a representar, pues muere antes de nacer.

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