Enrique Gaspar y Rimbau

Enrique Gaspar y Rimbau (Madrid, 1842 – Oloron, Francia, 1902) fue dramaturgo, sainetero y diplomático, y una de las figuras más singulares —y hoy más injustamente olvidadas— de la literatura española del siglo XIX.
Nacido en el seno de una familia ligada al teatro, creció entre bambalinas y estrenó sus primeras obras siendo muy joven. Pronto se reveló como un autor teatral fecundo y de éxito, cultivador de la comedia de costumbres y del sainete, con piezas de aguda crítica social como Las personas decentes o La levita, muy en la línea del realismo de su tiempo.
Compaginó la escritura con una larga carrera consular al servicio de España, que lo llevó a destinos tan diversos como Grecia, Francia y, sobre todo, China —con estancias en Macao y Hong Kong—. Aquellos años de viajes le dieron una mirada cosmopolita y desengañada, poco común entre sus contemporáneos, que asoma en toda su obra.
Pero su nombre ha pasado a la historia por una creación excepcional y adelantadísima a su época: El anacronópete. Concebida primero como zarzuela (1881) y publicada como novela en 1887, en ella imaginó una máquina del tiempo —una aparatosa caja de hierro colado, movida por electricidad y por un fluido de su invención, capaz de remontar la corriente de los siglos— nada menos que ocho años antes de que H. G. Wells publicara La máquina del tiempo (1895).
A bordo de aquel artefacto, un sabio y sus disparatados acompañantes viajaban hacia atrás por la historia, en una mezcla de humor, sátira y especulación científica insólita para su tiempo. Con ella, y casi sin proponérselo, Enrique Gaspar se convirtió en un pionero mundial de la ciencia ficción, reivindicado mucho después por los historiadores del género.
Murió en Francia en 1902, lejos de los focos. El propio nombre de su máquina resume su genio anticipador: del griego, «el que vuela hacia atrás en el tiempo».
Anacronópete: «el que vuela hacia atrás en el tiempo».

