Anónimo
El autor del Lazarillo de Tormes es uno de los grandes enigmas de la literatura española. La obra —cuyo título completo es La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades— apareció en 1554 en al menos cuatro ediciones casi simultáneas (Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Medina del Campo), todas ellas sin nombre de autor.
Desde entonces, su identidad ha desvelado a generaciones de eruditos.
Las hipótesis se han multiplicado a lo largo de los siglos. Se ha atribuido el libro al diplomático y poeta Diego Hurtado de Mendoza, a los hermanos Alfonso y Juan de Valdés —cercanos al erasmismo—, al jerónimo fray Juan de Ortega e incluso, en estudios recientes basados en el análisis del estilo, a humanistas como Juan Arce de Otálora. Ninguna conjetura, sin embargo, ha podido demostrarse de forma concluyente.
Es muy probable que el anonimato fuera deliberado y prudente. La novela encierra una crítica feroz al clero, a la falsa honra y a la hipocresía de la sociedad de su tiempo, suficiente para acarrear graves problemas con la Inquisición: de hecho, fue incluida en el Índice de libros prohibidos de 1559, y solo volvió a circular en una versión censurada y mutilada, el llamado Lazarillo castigado.
Contada por el propio Lázaro en primera persona, a modo de carta que explica su deshonroso «caso», la obra relata su vida desde la infancia al servicio de sucesivos amos —el ciego, el clérigo, el escudero…— en un retrato descarnado y veraz de la España del hambre.
Con ella nació la novela picaresca, género genuinamente español que tendría una larguísima descendencia —del Guzmán de Alfarache al Buscón de Quevedo— y una honda influencia en toda la novela europea. Bajo este modesto «Anónimo» se esconde, en realidad, uno de los escritores más lúcidos, audaces y modernos del Siglo de Oro: el que enseñó a mirar el mundo desde abajo, con los ojos del que pasa hambre.
«Yo por bien tengo que cosas tan señaladas… vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido.»

